DURO Y RICO.

Es un manjar que lleva siglos en nuestras mesas. Las variedades son infinitas pero la receta original siempre conduce a los mismos ingredientes: harina, agua, sal y levadura. Después se somete a altas temperaturas y al salir del horno inunda con su característico olor de pan recién hecho capaz de hacer la boca agua a cualquiera.

En ese instante todavía contiene pequeñas partículas de agua que le dan la elasticidad y suavidad pero en poco tiempo, esas partículas de agua se evaporan y se inician los procesos que los secan y endurecen. En principio, cuanto más grande sea la hogaza más tiempo permanecerá en buenas condiciones e, igualmente, si se trata de un producto industrial, cabe esperar que dure algo más ya que suele incorporar sustancias antifúngicas artificiales para evitar su degradación.

No obstante, antes o después pondrá duro debido al elevado nivel de humedad. Y es que estar en contacto con el aire, durante un periodo prolongado el pan acaba resecándose y modificándose su textura. Para impedir que suceda y poder aprovechar sus restos es necesario conservarlo en bolsas de plástico o papel correctamente tapadas para evitar que el aire lo transforme.

Y ¿para qué pueden servir los restos de pan endurecido? Tanto para preparar pan rallado casero, sopa de cebolla, picatostes o migas hasta para la elaboración de un sinfín de postres entre los que se encuentran las torrijas, las sopas de leche, los buñuelos o las muchas variantes de pudin. Lo cierto es que del pan no se desperdicia nada.

En Casa Urrutia siempre encontrarás cada día pan de masa madre recién horneado para disfrutar en el momento o para transformarlo, más tarde, en ricas y jugosas recetas que representan esa segunda oportunidad o nuevo comienzo para un alimento milenario que alivia cualquier pena! 😉

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