MANÍAS SILENCIOSAS.

Son manías de las que uno ni siquiera se da cuenta, hábitos relacionados con la comida (y no nos referimos al tipo de alimentación) que, con frecuencia, pasan inadvertidos y que, sin embargo, pueden estar perjudicando nuestra salud. Seguramente te reconocerás en algunos de ellos…

Por ejemplo, comer de pie. Esta sí que es una práctica habitual y extendida fruto de agendas con tareas interminables y a punto de explotar. Las prisas y la necesidad psicológica de creer que no se está perdiendo el tiempo llevan a evitar tomar asiento cuando llega la hora de la comida. Como consecuencia, se mastica menos, se traga más aire, las digestiones se complican y la sensación de saciedad dura menos.

Otra muy típica es picar de la comida de los niños, como si esos picoteos no contaran en el cómputo total del día. O comer sin planificación alguna, cosa que suele derivar en tirar de platos precocinados y listos para calentar. Abusar de los sustitutivos de comida (batidos, barritas…etc) que solo deberían ser una apuesta ocasional, escatimar en un buen desayuno (café y ya), saltarse alguna que otra comida o cenar en exceso (para compensar las carencias del resto del día) contribuyen, únicamente, a perjudicar la salud a largo plazo.

Y, por supuesto, tampoco ayuda etiquetar los alimentos como buenos o malos, ya que esta simplificación destierra la idea del equilibrio, esto es, de comer de todo, y genera una fuerte sensación de culpabilidad por ceder con  los malos o no recurrir suficientemente a los buenos. ¿Lo haces tú también?

Si te has reconocido en cualquiera de estas conductas puede que haya llegado el momento de plantearse un cambio. Quizá puedas empezar el día con algo más que una infusión o recarga de cafeína, o tal vez organizando un par de comidas de verdad para la semana. Y cárgate de paciencia. Y es que incorporar modificaciones en costumbres tan arraigadas en el día a día puede llegar a ser una tarea complicada. Por eso lo más recomendable es aborda hacerlo en pequeñas dosis.

Nosotros te damos una idea. Si no tienes tiempo para cocinar en casa, siempre puedes venir a Casa Urrutia y disfrutar de un menú variado, planificado, elaborado artesanalmente y con ingredientes naturales que te va a saber a gloria. Y puede que despierte en ti ese gusto por la comida casera y la buena alimentación.

Prueba una vez. Querrás repetir.

 

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